Estaba Jesús en una cena. Fue entonces que María de Betania tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies del Señor, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.
Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, el que le había de entregar: “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios y dado a los pobres?”.
María, natural de Betania, ya conocía a Jesús. En una oportunidad, Él llegó a su casa, y ella, dejando todos sus quehaceres, se sentó a sus pies para escucharle.
Por tanto, ella primero le conoció, valoró sus palabras de vida eterna, y luego llegó a este acto de adoración, ungiendo los pies del Salvador con este perfume de altísimo valor.
En cambio, Judas Iscariote, viviendo diariamente con Jesús, jamás le conoció, y cerró su corazón a los propósitos de Dios. Era incapaz de adorar, y hubiera preferido vender el perfume para quedarse con el dinero.
María y Judas, una libra de perfume, un acto de adoración, y dos vidas con finales muy diferentes.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?”
— Juan 12:3-5
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