Uno de los males en estos tiempos modernos es el estrés. El estrés es un estado de cansancio mental, provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal.
Todos andamos corriendo. Esto nos lleva a colapsos y crisis emocionales. La gente busca descansar y no encuentra dónde.
Jesús dijo: “Vengan a mí todos los que están trabajados y cargados, y yo los haré descansar”.
La invitación es para todos aquellos que se sienten frustrados, usados, incomprendidos y abatidos. ¿No es que en realidad estamos todos así en diferentes momentos?
Cada vez que estamos estresados es porque estamos avanzando sin Dios. Por eso se nos acaban las fuerzas.
Vivir con esta angustia en el corazón y no acudir al Señor en oración, es como manejar un auto casi sin combustible, y no recurrir a una estación de servicio. Afanados por llegar a nuestro destino, tarde o temprano terminaremos averiados a mitad del camino.
“Los que esperan en Dios tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:31).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.
— Mateo 11:28
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