Es precioso cuando alguien se reconcilia con Dios. Pero es muy triste y lamentable cuando alguien abandona la fe, decepcionado por personas que, llamándose cristianos, niegan con sus hechos aquello que proclaman con vehemencia.
Sobre este punto, Jesús indicó: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar”.
Hacer tropezar a alguien en la vida cristiana es lo que actualmente se conoce como “dar mal testimonio”. Somos llamados a ser testigos del Señor, testigos de su vida ejemplar en la tierra y reflejos de su obrar en la actualidad.
“Dar mal testimonio de Jesús” es sostener una incoherencia: Es afirmar que Él tiene poder para cambiar a todos y negar su eficacia en nosotros mismos. Esto confunde a la gente y los aleja de Dios.
El Señor terminó diciendo: “¡Ay del mundo por los tropiezos! Porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡Ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!”

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.
¡Ay del mundo por los tropiezos!, porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!”
— Mateo 18:6-7
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