En una aldea, Jesús conoció a un hombre que tenía una lepra muy avanzada. Aquel hombre le suplicó: “Señor, si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio”.
Jesús extendió la mano, lo tocó y afirmó: “Sí quiero. Queda sano”. Al instante, la lepra desapareció.
Aquí destacamos que el Señor puede sanar toda enfermedad, por más avanzada que esté. Pero también reconocemos que va a primar siempre su voluntad inteligente para expresar cuándo quiere hacerlo y bajo qué circunstancias.
Dios tiene el poder para sanar, pero también tiene infinita sabiduría para enseñar durante los procesos de crisis.
Hay momentos en que Dios sana de una manera inmediata. Hay momentos en que Dios retarda su accionar hasta desarrollar fe en el doliente, o hasta plasmar una enseñanza necesaria en su vida.
Lo que nos corresponde es entregar nuestras enfermedades y dolencias al Señor en un verdadero acto de fe. Paralelo a eso, nuestra responsabilidad es acudir al control médico y ser estrictos a las indicaciones.
En medio de todo, se manifestará siempre la voluntad de Dios, nos sentiremos seguros bajo su cuidado, y recordaremos con suma gratitud esta etapa de aprendizaje.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“En una de las aldeas, Jesús conoció a un hombre que tenía una lepra muy avanzada. Cuando el hombre vio a Jesús, se inclinó rostro en tierra y le suplicó que lo sanara.
“Señor”, le dijo, “Si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio”.
Jesús extendió la mano y lo tocó: “Sí quiero”, dijo. “Queda sano”. Al instante, la lepra desapareció”.
— Lucas 5:12-13
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