Mientras Jesús estaba en el huerto, llegó Judas, uno de los doce discípulos, junto con una multitud de hombres armados con espadas y palos.
El traidor Judas había acordado previamente con los principales sacerdotes una señal: “Sabrán a cuál arrestar cuando yo lo salude con un beso”.
En cuanto llegaron, Judas se acercó a Jesús y exclamó: “Rabí”, y le dio el beso. Entonces los otros agarraron al Salvador y lo arrestaron.
Judas tenía mucha intimidad con Jesús: sabía cómo pensaba, cuáles eran sus rutinas, metas y lo que más le apasionaba. Tristemente, usó todo eso contra su Maestro.
Me hace recordar a aquellas personas que intiman con otras, van a sus casas, conocen de sus vidas, y luego se comportan de manera infiel, divulgando intimidades y usando toda la información para pagar mal a quienes los acogieron.
La traición y la infidelidad de Judas Iscariote continúan vigentes en nuestro mundo. Tengamos sumo cuidado con eso.
Practiquemos amistades sanas, donde la lealtad ocupe el primer lugar, donde podamos hablar y ser escuchados, donde la discreción sea la norma. Un ambiente así es el bálsamo que necesitamos para enfrentar las vicisitudes de la vida.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Mientras Jesús hablaba, llegó Judas, uno de los doce discípulos, junto con una multitud de hombres armados con espadas y palos. Los habían enviado los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor, Judas, había acordado con ellos una señal: “Sabrán a cuál arrestar cuando lo salude con un beso”. Entonces Judas fue directamente a Jesús.
“Saludos, Rabí”, exclamó y le dio el beso”.
— Mateo 26:47-49
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