En una oportunidad, los discípulos preguntaron: “Señor, ¿Quién podrá ser salvo?”. Jesús los miró fijamente y afirmó: “Humanamente hablando, es imposible, pero no para Dios. Con Dios, todo es posible”.
En la mente de los discípulos, la salvación era una gran cantidad de ordenanzas que había que cumplir para llegar al cielo. Ellos sentían que tarde o temprano fallarían en alguna de ellas y eso les impediría arribar a la presencia de Dios.
Jesús les trajo un nuevo concepto de salvación. Ya no sería el esfuerzo del hombre por llegar al Creador; sino, la iniciativa del Altísimo por alcanzar a la humanidad.
De tal modo que la salvación es un verdadero milagro, imposible de reproducir por nosotros. Es un acto sobrenatural, por el cual Dios alumbra el corazón de una persona, le quita la venda de los ojos y rompe sus cadenas de impiedad, declarándolo libre.
Nosotros solo podemos hablar al oído de una persona. Es el Todopoderoso, quien habla al corazón y transforma una vida hasta el punto de hacerla una nueva criatura.
A través del milagro de la salvación, Dios nos posiciona en los lugares celestiales, cambia nuestra ciudadanía terrenal por la de los cielos, y nos vuelve embajadores de Cristo.
Humanamente es imposible, pero para Dios, todo es posible.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Los discípulos quedaron atónitos. “Entonces, ¿Quién podrá ser salvo?”, preguntaron.
Jesús los miró fijamente y dijo: “Humanamente hablando, es imposible, pero no para Dios. Con Dios, todo es posible”.
— Marcos 10:26-27
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