Vinieron a Jesús los religiosos de su tiempo para increparle por qué sus discípulos no se lavaban las manos antes de comer.
Ellos no estaban interesados en los motivos de salubridad, sino en mantener la tradición hecha por los hombres.
Un religioso típico se lavaba las manos varias veces antes de ingerir alimentos porque pensaba que de esa manera podía mantener su pureza espiritual.
Jesús reunió a todos y les dijo: “Entiendan. Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero, lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre”.
Nuestro Salvador estaba haciendo una comparación entre los alimentos, que no contaminan espiritualmente al hombre, con aquellas cosas que sí contaminan: Las cosas que salen del corazón.
Él dijo: “Del corazón de los hombres salen los malos pensamientos” y enumeró todo tipo de maldades. Y añadió: “Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23).
Así como guardamos las normas de higiene y la buena alimentación, cuidemos con la misma rigurosidad todo aquello que pueda salir de nosotros y haga daño a los demás.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Y llamando a sí a toda la multitud, les dijo: Oídme todos, y entended: Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al hombre”.
— Marcos 7:14-15
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