Las multitudes acudieron a Juan el Bautista, y él se dio cuenta que muchos venían para bautizarse solo con la intención de cumplir con un rito religioso.
A ellos les afirmó: “Camada de víboras, ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira que se acerca? Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios”.
En aquellos tiempos, como ahora, la gente se preocupaba en participar de los actos religiosos públicos sin que haya ningún cambio en el corazón.
Por eso, Juan el Bautista dijo que antes de ser parte de este acto solemne, las personas deberían revisar sus vidas, arrepentirse de sus pecados y volver al Creador.
Podríamos concluir entonces que toda expresión religiosa o espiritual debería ser un fiel reflejo de lo que Dios está haciendo al interior de nuestros corazones.
El poder del Señor se manifiesta en lo más recóndito del ser. Es un acto milagroso, personal y decisivo. Progresivamente, se hará notorio para los demás a través de una nueva manera de pensar, hablar y actuar.
Luego, bautismos, expresiones de fe y buenas obras, cobrarán sentido si están en armonía con una vida privada íntegra y una honesta relación con Dios.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Cuando Juan vio que muchos fariseos y saduceos venían a mirarlo bautizar, los enfrentó. ¡Camada de víboras!, exclamó. ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira que se acerca? Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios”.
— Mateo 3:7-8
Comparte la meditación del día con tus amigos en las redes sociales. Un mensaje oportuno puede marcar la diferencia en su camino.











Deja una respuesta