Los analistas avizoran una crisis mundial. La situación económica es muy inestable, el índice de desempleo es altísimo, y la producción agrícola comienza a ser insuficiente para la población.
Esta incertidumbre produce un accionar desesperado y poco pensado. La gran tentación es correr por nuestras vidas; lo difícil es detenernos y buscar la dirección de Dios.
Jesús, hablando con sus discípulos, les decía: “Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero, si entregas tu vida por mi causa, la salvarás. ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero, pero pierdes tu propia alma? ¿Hay algo que valga más que tu alma?”.
En períodos de desesperación como los que vivimos, lo común es tomar decisiones coyunturales, de poca reflexión, y acceder a mecanismos de evasión, como los pasatiempos infructuosos.
Es en estas etapas de crisis, donde Jesús nos invita a “echar el ancla” y tomar decisiones trascendentales. Si tratamos de aferrarnos a la vida, no lograremos controlar lo que suceda a nuestro alrededor, y terminaremos perdiéndolo todo.
Mas, si entregamos nuestras vidas al “Dios que abre caminos donde no los hay”, lograremos salvarnos y hallaremos refugio seguro.
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra” (Salmos 121:1-2).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás. ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero, pero pierdes tu propia alma? ¿Hay algo que valga más que tu alma?”
— Mateo 16:25-26
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