El primer día de la fiesta, cuando se sacrifica el cordero de la Pascua, los discípulos de Jesús le preguntaron: “¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de la Pascua?”.
Así que Jesús envió a dos de ellos diciéndoles: “Al entrar en la ciudad, se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo.
En la casa donde él entre, díganle al dueño: El maestro pregunta: ¿Dónde está el cuarto de huéspedes para que pueda comer la cena de pascua con mis discípulos?
Él los llevará a un cuarto grande en el piso de arriba, que ya está listo. Allí deben preparar nuestra cena”.
Y así se dio todo. Jesús, usando su naturaleza divina, reunió circunstancias y personas dispuestas para ejecutar sus planes. De igual manera, nuestro Señor sigue preparando todo para darnos una vida plena.
¿No te parece increíble? Dios, desde su trono, orquesta cada eventualidad, cada encuentro imprevisto, para ejecutar su perfecta voluntad.
Estemos atentos a esta sincronía. Habrá momentos, no planificados, en que seamos instrumentos de bendición para otros, y tiempos en que recibamos de Su gracia sorprendente.
La agenda de Dios muchas veces se impondrá sobre nuestra propia agenda, y terminaremos diciendo: “Qué bueno que sucedió así”.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Así que Jesús envió a dos de ellos a Jerusalén con las siguientes instrucciones: “Al entrar en la ciudad, se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo. En la casa donde él entre, díganle al dueño: El Maestro pregunta: ¿Dónde está el cuarto de huéspedes para que pueda comer la cena de Pascua con mis discípulos?. Él los llevará a un cuarto grande en el piso de arriba, que ya está listo. Allí deben preparar nuestra cena”.
— Marcos 14:13-15
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