Todos esperaban que Jesús viniera pronto, y Juan el Bautista, hablando de Él decía: “Yo los bautizo con agua, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”.
Juan reconocía que Jesús era superior a él. Mientras Juan bautizaba con agua, Jesús bautizaría con el Espíritu Santo y fuego.
Y esto es ahora una realidad: Cuando aceptamos a Jesús como el Señor de nuestras vidas, Él nos llena con su Espíritu Santo. Su Espíritu nos santifica, es decir, modela nuestro carácter para sintonizarnos con la voluntad de Dios.
Asimismo, nos guía a toda verdad, nos permite comprender las Escrituras, y nos consuela en los momentos críticos.
Jesús también envía su fuego purificador, que consume nuestros hábitos dañinos. Además, este fuego nos da la capacidad y valentía para compartir la Palabra de Dios en medio de un escenario tan hostil como el que vivimos.
De tal modo que convertirse a Jesucristo es un auténtico milagro de Dios, un acto sobrenatural, inimitable por los hombres.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Juan contestó a sus preguntas diciendo: “Yo los bautizo con agua, pero pronto viene alguien que es superior a mí, tan superior que ni siquiera soy digno de ser su esclavo y desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”.
— Lucas 3:16
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