Luego de unos días que Jesús partió a la presencia de Dios, comenzó el ministerio del Espíritu Santo. Su función principal es consolar y guiarnos a toda verdad.
De esta manera, Jesús cumplió su promesa cuando afirmó: “Les conviene que yo me vaya; porque si no lo hago, el Consolador no vendría a ustedes; en cambio, si me voy, se los enviaré a ustedes.
Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me verán más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.
Queda claro entonces, que nuestra función es solo exponer la Palabra de Dios con amor; no tratar de convencer a los demás con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del poder del Espíritu Santo.
Él es el que convence al hombre de arrepentimiento, el que proclama que Jesús cumplió toda justicia para salvarnos, y anuncia el juicio venidero sobre este mundo.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado”.
— Juan 16:7-11
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