En una oportunidad, Jesús preguntó a sus discípulos: “¿Acaso alguien encendería una lámpara y luego la pondría debajo de una canasta o de una cama? Claro que no. Una lámpara se coloca en un lugar alto, donde su luz alumbre”.
Jesús estaba desafiando a sus discípulos de ayer y de la actualidad, a vivir de una manera abierta y transparente.
Estamos en el proceso de conocer más al Señor y seguir sus pasos. En el camino también nos vamos a equivocar, y habrá momentos de grandes satisfacciones.
Pero lo que no tenemos que hacer es aparentar una perfección absurda u ocultar que aún cometemos errores.
Dios nos manda, en pleno proceso de restauración, a ser lámparas encendidas, puestas en lugares altos y visibles para los demás.
Que todos sepan que vamos en camino, que estamos aprendiendo, que hemos decidido practicar la verdad. No somos lámparas de nosotros mismos. No proclamamos nuestras propias virtudes.
Somos lámparas de Jesús: El resplandor de alguien poderoso, que transforma las vidas y alumbra los ojos sombríos.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Entonces Jesús les preguntó: “¿Acaso alguien encendería una lámpara y luego la pondría debajo de una canasta o de una cama? ¡Claro que no! Una lámpara se coloca en un lugar alto, donde su luz alumbre”.
— Marcos 4:21
Comparte la meditación del día con tus amigos en las redes sociales. Un mensaje oportuno puede marcar la diferencia en su camino.











Deja un comentario