En el huerto de olivos, Jesús indicó: “Siéntense aquí mientras yo voy a orar”. Se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, y comenzó a afligirse y angustiarse profundamente.
Allí les decía: “Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y velen conmigo”.
A estas alturas, Jesús ya había sufrido el rechazo de mucha gente y enfrentaría la muerte de cruz. En medio de su gran angustia, se rodeó de sus más cercanos, pidió que velaran con Él y se acercó de una manera absoluta a Dios.
Por eso la Escritura, hablando de Él, dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:15-16).
Cuando estemos en diversas pruebas, en aquellos valles sombríos que perturban el alma, no dejemos que la tristeza nos aleje de Dios y de las personas que nos impulsan a perseverar en la fe.
Jesús nos espera con los brazos abiertos. Él entiende todo nuestro sufrimiento, pues también lo experimentó en el huerto de olivos. Él será siempre nuestro oportuno socorro.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Entonces Jesús fue con ellos al huerto de olivos llamado Getsemaní y dijo: “Siéntense aquí mientras voy allí para orar”. Se llevó a Pedro y a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y comenzó a afligirse y angustiarse. Les dijo: “Mi alma está destrozada de tanta tristeza, hasta el punto de la muerte. Quédense aquí y velen conmigo”.
— Mateo 26:36-38
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