Cuando Jesús sanó a un leproso le indicó que no lo dijera a nadie. Sin embargo, la noticia de su poder corrió aún más, y grandes multitudes llegaron para escucharlo predicar y ser sanados de sus enfermedades.
Habitualmente, el Salvador recomendaba a las personas sanadas por Él a que lo mantuvieran en reserva. Sin embargo, cuando tomaban la decisión de ser sus discípulos, allí sí les invitaba a contar en sus casas acerca de su determinación.
Podemos concluir entonces que para Jesús era y es más importante promover la salvación del alma que la sanidad del cuerpo.
La sanidad del cuerpo y el toque del Señor son valiosos para esta vida temporal. Mientras que la salvación del alma y la vida eterna son decisivos y trascendentales aquí en la tierra como en el cielo.
Pongamos énfasis en la salvación de las personas. Su eternidad con Dios es crucial. Y en el camino, oremos por los enfermos y por los que sufren. Ese es el orden que nos enseñó el Maestro.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Jesús extendió la mano y lo tocó: “Sí quiero”, dijo, “Queda sano”. Al instante, la lepra desapareció. Entonces Jesús le dio instrucciones de que no dijera a nadie lo que había sucedido. Le dijo: “Preséntate ante el sacerdote y deja que te examine. Lleva contigo la ofrenda que exige la ley de Moisés a los que son sanados de lepra. Esto será un testimonio público de que has quedado limpio”.
Sin embargo, a pesar de las instrucciones de Jesús, la noticia de su poder corrió aún más, y grandes multitudes llegaron para escucharlo predicar y ser sanados de sus enfermedades”.
— Lucas 5:13-15
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