En pleno interrogatorio, el sumo sacerdote le preguntó a Jesús: “¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?”. Y el Salvador respondió: “Yo Soy, y ustedes verán al Hijo del Hombre sentado en el lugar de poder, a la derecha de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.
Entonces, el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras en señal de horror, pues consideraba las palabras de Jesús como blasfemia.
Durante todas las épocas, la gente se ha preguntado quién es Jesús. Todos han opinado, pero pocos, como el sumo sacerdote, han tenido la oportunidad de preguntarle directamente al Salvador.
Jesús le respondió quién era, cuál es su posición actual y a dónde vendría. Él se identificó como el gran Yo soy, es decir Dios mismo, sentado en el trono de lo alto, pronto para venir a la tierra a juzgar a las naciones.
El sumo sacerdote se horrorizó y no lo creyó. Gran parte del mundo sigue su mismo camino.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Pero Jesús se mantuvo callado y no contestó. Entonces el sumo sacerdote le preguntó: “¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?”.
Jesús dijo: “Yo Soy. Y ustedes verán al Hijo del Hombre sentado en el lugar de poder, a la derecha de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.
— Marcos 14:61-62
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