Durante la muerte de Jesús, algunas mujeres miraban de lejos, entre ellas María Magdalena, María (la madre de Santiago y José), y Salomé.
Eran seguidoras del Señor y lo habían cuidado mientras estaba en Galilea. También estaban allí muchas otras mujeres que habían venido con Él a Jerusalén.
A pesar de que sus discípulos huyeron, Jesús no estaba solo al momento de la cruz. Una gran cantidad de mujeres estaban allí expectantes.
Ellas habían tenido un papel preponderante en el ministerio del Señor. Muchas apoyaban con su devoción, recursos y ayuda a los necesitados.
Las mujeres fueron testigos presenciales, confirmaron la historicidad del relato bíblico, anunciaron las buenas nuevas, y participaron del discipulado persona a persona.
Ellas han sido dotadas por Dios de una gran sensibilidad espiritual. Su fortaleza e identificación con el dolor humano las hacen piezas vitales en el mover del Altísimo hasta nuestros tiempos.
La Escritura enfatiza: “La mujer que respeta y honra a Dios, esa será alabada” (Proverbios 31:30).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“También había algunas mujeres mirando de lejos, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén”.
— Marcos 15:40-41
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