Jesús era muy sensible al dolor de la gente. Su amor y misericordia por los demás se ven plasmados en cada palabra, en cada gesto, en cada milagro.
Él afirmó: “El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón, y a poner en libertad a los oprimidos”.
Nadie como Él para ponerse en el lugar del otro; nadie como Él para comprender el corazón del hombre. En ocasiones, lloró delante de la muerte y expresó su inmensa tristeza ante la obstinación de un pueblo condenado a la auto-destrucción.
Por eso, Él nos invita a acercarnos en total confianza, tal y como estamos. No podríamos hacer algo para impresionarle, pues Él conoce toda nuestra vida.
Jesús ha venido para sanar a los quebrantados de corazón, aquellos que se sienten solos, defraudados, víctimas de injusticias, presos del resentimiento y el dolor. Jesús ha venido a poner en libertad a los oprimidos.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”.
— Lucas 4:18
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