Jesús estaba en el templo de Capernaúm enseñando. De pronto, un hombre poseído por un espíritu maligno gritó: “¿Por qué te entrometes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios”.
Pero Jesús lo reprendió: “Cállate”, le ordenó. “Sal de este hombre”. Entonces, el espíritu maligno soltó un alarido y salió de él.
Los espíritus inmundos solían manifestarse, pues sabían quién era Jesús. Conocían que el Salvador había venido para entrometerse en sus planes de destruir a la humanidad, y deshacer las obras del diablo.
El espíritu maligno llama a Jesús “el Santo de Dios”. Con esto se pone de manifiesto que aun los demonios creen y tiemblan ante el Rey.
Por eso la Escritura dice: “Queridos hijos, ustedes son de Dios, y los han vencido; porque mayor es el que está en ustedes, Jesucristo, que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“De pronto, un hombre en la sinagoga, que estaba poseído por un espíritu maligno, gritó: “¿Por qué te entrometes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Yo sé quién eres: el Santo de Dios!”.
Pero Jesús lo reprendió: “¡Cállate!—le ordenó—. ¡Sal de este hombre!”. En ese mismo momento, el espíritu maligno soltó un alarido, le causó convulsiones al hombre y luego salió de él”.
— Marcos 1:23-26
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