Jesús estaba en una cena junto con muchos cobradores de impuestos y otros pecadores de mala fama. Había gente así que se estaba acercando gradualmente al Salvador.
Cuando los maestros de la ley religiosa lo vieron comer con ellos, preguntaron a los discípulos: “¿Por qué come con semejante escoria?”.
Cuando Jesús los oyó, les aclaró: “La gente sana no necesita médico, los enfermos sí. No he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores”.
Jesús nunca hizo distinción entre las personas, pues el Reino de los Cielos está abierto para todos. El requisito es reconocer que somos pecadores y que esta condición ha dañado áreas de nuestra mente y corazón.
Él ha venido para salvarnos, sanarnos y darnos una nueva vida. Las puertas están abiertas para dejar de lado nuestro orgullo y venir tal y como estamos a sus brazos de amor.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Cuando los maestros de la ley religiosa, que eran fariseos, lo vieron comer con los cobradores de impuestos y otros pecadores, preguntaron a los discípulos: “¿Por qué come con semejante escoria?”.
Cuando Jesús los oyó, les dijo: “La gente sana no necesita médico, los enfermos sí. No he venido a llamar a los que se creen justos, sino a los que saben que son pecadores”.
— Marcos 2:16-17
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