Jesús afirmaba a sus discípulos: “Ustedes oirán de guerras y de amenazas de guerras, pero no se dejen llevar por el pánico. Es verdad, esas cosas deben suceder, pero el fin no vendrá inmediatamente después. Una nación entrará en guerra con otra, y un reino con otro reino”.
El Señor predijo las guerras futuras. La guerra es el escalón más primitivo del hombre; es el punto más decadente que señala el fracaso del amor, la comunicación y el respeto por la vida.
Cuando el hombre entra en guerra, abandona toda comunión con Dios, menosprecia a su prójimo en su calidad de creación divina, y asume una posición suprema al decidir sobre la existencia de otros.
Las Escrituras indican el inicio de toda guerra al decir: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre ustedes? ¿No es de sus pasiones, las cuales combaten en su interior?” (Santiago 4:1).
Una guerra no puede ser extinguida con sanciones internacionales; un pleito entre dos personas no va a diluirse si solo les obligamos a darse la mano. El problema está en el corazón, en la ausencia de paz y en la ebullición de los más viles sentimientos. Allí es donde Dios actúa.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Oirán de guerras y de amenazas de guerras, pero no se dejen llevar por el pánico. Es verdad, esas cosas deben suceder, pero el fin no vendrá inmediatamente después. Una nación entrará en guerra con otra, y un reino con otro reino. Habrá hambres y terremotos en muchas partes del mundo”.
— Mateo 24:6-7
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