Cuando Jesús llegó a Gadara, encontró a dos endemoniados feroces. Luego de liberarlos, los demonios fueron a parar a una manada de cerdos de la comunidad. Y los espíritus precipitaron a los animales en el mar por un despeñadero, y perecieron en las aguas.
Y los que los apacentaban huyeron, y viniendo a la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que había pasado con los endemoniados.
Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos.
Este es el caso de un milagro de Jesús, que trajo como consecuencia la liberación y reintegración a la sociedad de dos personas. La otra consecuencia había sido el perjuicio económico por la pérdida de una manada de cerdos.
Por increíble que parezca, todo el pueblo se había reunido, y acordaron que prevalezca el imperio de las tinieblas, con tal de no tener más pérdidas económicas. Fue así como expulsaron a Jesús de su ciudad.
Puede parecer absurdo, pero también en las sociedades modernas prima el interés material por encima de la vida espiritual de las personas. El resultado lo estamos viendo: Ostentación, competencia obsesiva, frustración, y una fuerte sensación de vacío en el corazón.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Y toda la ciudad salió al encuentro de Jesús; y cuando le vieron, le rogaron que se fuera de sus contornos”.
— Mateo 8:34
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