Jesús exhortaba a sus discípulos a influir positivamente en los demás con su poderoso mensaje de salvación.
Él afirmaba: “La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿Cómo la harán salada de nuevo? Entre ustedes deben tener las cualidades de la sal y vivir en paz unos con otros”.
Para Jesús, todo seguidor suyo tenía que ser la sal de la tierra. La sal tiene básicamente dos propiedades: La primera es preservar de la corrupción a los alimentos, y la segunda, es darles un sabor agradable.
El mundo va camino hacia la corrupción, y los cristianos, como la sal, tenemos la delicada misión de preservar a la humanidad del descalabro moral. También somos llamados a darle sabor a la vida, en medio de tanta gente que ya no encuentra motivos para vivir.
Hablemos más de Jesús. Él es exactamente lo que la humanidad necesita.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? Entre ustedes deben tener las cualidades de la sal y vivir en paz unos con otros”.
— Marcos 9:50
Comparte la meditación del día con tus amigos en las redes sociales. Un mensaje oportuno puede marcar la diferencia en su camino.










Deja un comentario