Entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Ella se preocupaba con muchos quehaceres, tratando de atender al Señor.
Sin embargo, tenía una hermana llamada María, que desde que entró Jesús se sentó a sus pies para oír su palabra.
Marta estaba exhausta y no soportando más, le dijo al Señor: “¿No te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude”.
Y Jesús le respondió: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.
Para Marta, lo más importante era servir al Señor y así procurar agradarle. Eso es una parte, pero no la buena parte.
Para Jesús, María escogió la buena parte, y no le será quitada: Estar en su presencia y escuchar con atención su voz.
El Señor dijo: “Yo soy la vid, y ustedes las ramas; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada pueden hacer” (Juan 15:5).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.
— Lucas 10:40-42
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