Cierto día trajeron un paralítico frente a Jesús. Le perdonó sus pecados y luego ordenó: “Ponte de pie, toma tu camilla y vete a tu casa”.
Al instante, el hombre se levantó de un salto, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios.
Todo cambió en la vida de este joven. Lo primero que hace el Señor es perdonar sus pecados: Atacó el problema central que deterioraba su ser.
Luego le ordena ponerse en pie, no solo físicamente, sino moralmente. El Salvador estaba interesado también en restaurar su alma alicaída.
Acto seguido, le indica que tome en sus manos su camilla, aquel lecho que significaba su dolor, vergüenza y frustración. Ahora era libre para siempre.
Finalmente, lo envió a su casa para contar cuán grandes cosas había hecho Dios con él, no solo físicamente, sino en todo su ser.
Jesús no hace nada a medias: Él es aquel que lo llena todo en todo (Efesios 1:23).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Así que les demostraré que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados”. Entonces Jesús miró al paralítico y dijo: ¡Ponte de pie, toma tu camilla y vete a tu casa!”
— Mateo 9:6
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