Una de las cosas más difíciles para nosotros es perdonar la ofensa.
En una oportunidad, Pedro se le acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?”
Jesús le respondió: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”.
Pedro no se estaba refiriendo a aquellos extraños que nos pueden hacer daño. Cuando un extraño nos ofende, sencillamente optamos por evitarlo y asunto arreglado.
Pero ¿Qué pasa cuando la persona que nos ofende es alguien muy cercano a nosotros? Llámese familiar o compañero de trabajo. Allí Pedro le puso un límite máximo de siete perdones.
Jesús corrigió esta aseveración y puso la valla mucho más alta: “Hasta setenta veces siete”, mostrando que las puertas del perdón y la reconciliación siempre deben estar abiertas.
Cuando el Señor les enseñó a orar, les indicó que dijeran: “Padre, perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” (Mateo 6:12).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?
Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete”.
— Mateo 18:21-22
Comparte la meditación del día con tus amigos en las redes sociales. Un mensaje oportuno puede marcar la diferencia en su camino.











Deja un comentario