En una oportunidad, Jesús y sus discípulos tenían que pasar por Samaria, y sus habitantes no los dejaron entrar por una vieja rivalidad étnico-religiosa.
Cuando dos de sus discípulos vieron eso, le dijeron a Jesús: “Señor, ¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que los consuma?”. Entonces Jesús se volvió a ellos y los reprendió.
Este es el caso de una ciudad que estaba cerrando sus puertas al Salvador del mundo y a la bendición de sus familias. Pero aun así, y con mucho dolor, Jesús respetó su libertad para decidir.
Sin embargo, los discípulos no veían así las cosas. Pensaban que la gente estaba obligada a recibir a Jesús, y que si no lo hacían, ellos podrían pedirle a Dios que los castigue.
Presentar el evangelio como algo obligatorio, presionar a las personas con artimañas humanas, o asustarlos con falsas maldiciones de Dios, producirá solo religiosos por conveniencia; jamás auténticos seguidores de Jesús.
Con el tiempo, el Señor volvió a pasar por Samaria, les habló con amor, y la ciudad fue conmovida.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Pero los habitantes de la aldea de Samaria no recibieron a Jesús porque iba camino a Jerusalén.
Cuando Santiago y Juan vieron eso, le dijeron a Jesús: Señor, ¿Quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que los consuma?
Entonces Jesús se volvió a ellos y los reprendió”.
— Lucas 9:53-55
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