Jesús a sus doce años fue junto con sus padres a la fiesta de la pascua en Jerusalén. Cuando ya regresaban, sus papás se dieron cuenta que él no estaba con ellos y volvieron a Jerusalén buscándole.
Tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Todos se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.
Su madre, angustiada, le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho así? Entonces, él respondió: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”
Jesús, a esa tierna edad, ya había identificado a Dios como su Padre Celestial, tenía bien claro el propósito divino para con el mundo, y comprendía la urgencia de involucrarse en ese propósito. ¿Lo tienes claro tú?
“Ninguno que milita en el reino de Dios se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2 Timoteo 2:4).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿Por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”
— Lucas 2:48-49
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