Estaba Jesús en Betsaida. Le trajeron un ciego y le rogaron que le tocase. El Señor le tomó de la mano y le sacó fuera de la aldea. Allí le puso las manos encima y le preguntó si veía algo.
El ciego respondió: “Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan”. Era un gran avance: Ya veía borrosamente, mas Jesús quería hacer su obra completa en él.
Le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.
Este es el caso de un doble toque de Jesús para una sanidad integral. El acto sanador de Dios siempre es soberano, inteligente y pleno.
A veces, el Altísimo sana en una primera circunstancia, a veces lo hace en un proceso mediano o largo, a veces requiere de una humillación o aprendizaje previo. Lo maravilloso es estar siempre en las manos del Médico de Médicos.
Este hombre ciego pasó de la oscuridad total a empezar a ver borroso. Tuvo contentamiento y nunca cuestionó al Maestro. En un segundo acto comenzó a ver como nunca antes había visto en su vida.
Cada vez que atravesemos por una enfermedad, pongámonos en las manos del Médico Santo, escuchemos su diagnóstico con humildad y espectemos su amoroso y sabio obrar.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: “Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan”. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos”.
— Marcos 8:23-25
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