Jesús le dijo a un anfitrión: “Cuando ofrezcas un almuerzo o des un banquete, no invites a tus amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos. Pues ellos también te invitarán a ti, y esa será tu única recompensa.
Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego. Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor”.
Aquí tenemos dos tipos de actividades sociales: Con amigos en común, quizás donde nos sentimos más cómodos; y con personas diferentes a nosotros, que nos demandarán un esfuerzo para lograr empatía.
Si somos sinceros, nos encanta estar en el primer grupo porque nos ocasiona diversión y distensión. Esto también es necesario para nuestra vida.
El otro grupo, al cual el Señor nos encarga a no descuidar, requiere nuestra preparación interna. Ya no se trata de una actividad social; sino de un ministerio.
Habrá momentos en que nos toque salir con los amigos, y habrá momentos en que nos toque ofrendar nuestro tiempo para brindar alegría a los que sufren.
En el primer grupo recibimos felicidad, y en el segundo grupo la damos. Un correcto equilibrio hará que nuestras visitas y reuniones sean altamente productivas para el reino de Dios.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Luego Jesús se dirigió al anfitrión: “Cuando ofrezcas un almuerzo o des un banquete, no invites a tus amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos. Pues ellos también te invitarán a ti, y esa será tu única recompensa.
Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego. Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor”.
— Lucas 14:12-14
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