¿Has escuchado la expresión “Cristianos secretos”? Son aquellos cristianos que, por miedo a perder su popularidad o privilegios sociales, ocultan el hecho de ser seguidores de Jesucristo.
Casi al final del ministerio de Jesús, mucha gente había endurecido su corazón para no creerle.
Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los líderes religiosos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.
Quizás en esta frase final está la explicación a un comportamiento así. Amar la gloria de los hombres es vivir para esperar la aprobación y beneplácito de los demás.
Mientras que amar la gloria de Dios es complacerle en todo, aun a veces contraviniendo la expectativa de muchos, pero estando seguros que la voluntad de Dios siempre será buena, agradable y perfecta.
Un “Cristiano secreto” podrá salvarse solo, aunque es poco probable que reciba galardón en el cielo. En tanto que, un “Cristiano público y conocido”, tal vez no llegue a ser el más popular del grupo; pero arribará a la presencia de Dios trayendo a muchos que aceptaron al Salvador.
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”. (Salmos 126:5-6)

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”.
— Juan 12:42-43
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