Estando Jesús con sus discípulos, les indicaba: “Les aseguro que todo el que haya dejado casa o hermanos o padres o hijos o bienes por mi causa y por el evangelio, recibirá ahora a cambio cien veces más, junto con persecución; y en el mundo que vendrá, esa persona tendrá la vida eterna”.
Indudablemente, seguir a Jesús implica dejarlo todo por algo superior. Cuando hablamos de dejar todo, no nos referimos a abandonar a nuestros seres queridos u ocupaciones vocacionales. Ambos son encargos de Dios.
Nos estamos refiriendo a colocar todo en el lugar que le corresponde. El primer sitial tiene que ser ocupado por Jesús y sus enseñanzas. Luego verás cómo todo se reacomoda y adquiere una impresionante armonía.
A pesar que también se menciona la persecución, en sus variantes iniciales de crítica y burla, los lazos familiares se fortalecerán, tus amistades se harán más significativas, la provisión de Dios nunca faltará, y disfrutarás la vida eterna.
Dejar todo es soltar aquello que ocupa el primer lugar, para que Dios lo reordene en la posición correcta. No siempre significa perderlo; podría ser, disfrutarlo en el orden correspondiente, teniendo paz con Dios.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Así es”, respondió Jesús, “Y les aseguro que todo el que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o bienes por mi causa y por el evangelio, recibirá ahora a cambio cien veces más el número de casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y bienes, junto con persecución; y en el mundo que vendrá, esa persona tendrá la vida eterna”.
— Marcos 10:29-30
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