En el día de reposo, Jesús entró en la sinagoga de Nazaret. Y allí leyó: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; y a predicar el año agradable del Señor”.
Esta profecía se cumplió delante de todos. Jesús había venido a este mundo para dar las buenas nuevas de salvación: “Para que todo aquel que crea en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).
También había venido para curar las heridas internas de todos aquellos que habían sido dañados en sus emociones, a los cuales llamaba “Los quebrantados de corazón”.
Vino además a anunciar libertad para los que vivían presos en sus propias culpas y hábitos dañinos, aquellos cautivos que vivían sin esperanza.
No olvidó a los ciegos, a los cuales les concedió el milagro de la vista. Los ciegos físicos y los ciegos espirituales recibieron el milagro de creer en Él.
A partir de ese momento, comenzó el “Año agradable del Señor” y continúa hasta nuestros días. Jesús sigue sanando corazones, liberando a los oprimidos, restaurando la vista a los ciegos, y dando vida eterna a todo aquel que se refugia en Él.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y
vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor”.
— Lucas 4:18-19
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