Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania. Enviaron, pues, sus hermanas para decir a Jesús: “Señor, he aquí el que amas está enfermo”.
Oyéndolo Jesús, indicó: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
Hay circunstancias dolorosas en nuestra vida, que realmente no nos gustaría pasar, y quisiéramos preguntarle a Dios por qué permite que sucedan.
Lázaro, amigo de Jesús, estaba enfermo, y lejos de recibir una sanidad milagrosa, a los dos días termina muriendo para desconcierto de todos.
Felizmente, Jesús tuvo una respuesta que se hace extensiva para nosotros. Todo lo que Dios permite en nuestras vidas es para que veamos su gloria, y para que el Hijo de Dios sea glorificado por ellas.
Al final, Jesús llegó a la tumba de Lázaro y lo levantó de la muerte. Todos ellos comprobaron que no importa lo que esté pasando; si Jesús llega a nuestras vidas, pronto veremos la gloria de Dios.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo. Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”.
— Juan 11:3-4
Comparte la meditación del día con tus amigos en las redes sociales. Un mensaje oportuno puede marcar la diferencia en su camino.











Deja un comentario