Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Pedro: ¿Me amas más que estos? Le respondió: “Sí, Señor; tú sabes que te amo”. Él le indicó: “Apacienta mis corderos”.
Por tres veces le hizo la misma pregunta. Pedro se entristeció y le respondió: “Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo”. Jesús le volvió a indicar: “Apacienta mis ovejas”.
El Salvador ya había resucitado, pero antes de su muerte, Pedro había entrado en pánico y le negó tres veces, maldiciendo. En esa crisis, no solo renunció a ser un discípulo de Jesús, sino que también abandonó moral y espiritualmente a sus hermanos menores.
Es por eso que en esta reconciliación Jesús inicia preguntándole: “¿Me amas más que estos?”.
Hay una estrecha relación entre amar al Señor y amar lo que Él ama. Cuando amamos de verdad, amamos no solo a la persona, sino a todo lo que es de su interés y preocupación.
Jesús, en su diálogo con Pedro, ligó el amor hacia Él con el amor a sus ovejas. Nadie puede jactarse de amar al Señor y ser indiferente a la Iglesia por la cual Él murió. Cada persona que se congrega merece nuestra atención y cuidado porque costó el sacrificio de nuestro Salvador.
“Por tanto, tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto, para apacentar la Iglesia del Señor, la cual Él gano por su propia sangre” (Hechos 20:28).

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas”.
— Juan 21:17
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