Jesús habló de aquellas personas que usaban sus cargos espirituales para alimentar su vanidad y el ego personal.
“Cuídense de los maestros de la Ley. Les gusta pasearse con ropas ostentosas y les encanta que los saluden en las plazas, y ocupar el primer puesto en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes.
Devoran los bienes de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones para impresionar a los demás. Estos recibirán mayor condenación”.
Este es el caso de maestros en las Escrituras, que necesitan la constante aprobación de la gente para ser felices. No aman a las personas; solo las usan para sus propios intereses.
De ninguna manera este es un servicio a Dios. Jesús cambió el estándar del liderazgo cuando afirmó: “Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad se llaman a sí mismos benefactores.
Mas no sea así entre ustedes. Al contrario, el mayor debe comportarse como el menor, y el que dirige, como el que sirve” (Lucas 22:25-26).
Cuidado con envanecernos en los cargos espirituales. El Señor nos ha dado la responsabilidad de guiar a otros, protegerlos y encaminarlos hacia la voluntad de Dios.
No hemos sido llamados a recibir admiración; sino a lavar los pies de los discípulos.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Cuídense de los maestros de la Ley. Les gusta pasearse con ropas ostentosas y les encanta que los saluden en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes”.
— Lucas 20:46
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