Cierto día de descanso, mientras Jesús caminaba por unos sembríos, sus discípulos arrancaron unas espigas de grano y se las comieron.
Algunos religiosos dijeron: “¿Por qué violan la ley al cosechar granos en el día de descanso?”
Es fascinante destacar lo que mira Jesús y lo que miran las personas radicales en una misma situación: El Señor tenía a sus discípulos hambrientos y por eso cogieron las espigas de grano.
Era preferible preservar la vida antes que el día de descanso. En cambio, los religiosos radicales, carentes de compasión, se concentraban solo en que se cumplan las normas, dejando de lado el amor, la integridad y la salud.
Cuánta falta nos hace mirar como Jesús ve y recordar sus palabras: “Lo que pido es misericordia y no sacrificios. No condenen a los que no son culpables”.
Muchas personas terminan alejándose de Dios, no porque tengan algo contra el Creador; sino por la pésima imagen que le damos sus seguidores, tan faltos de amor y frenéticamente apegados a normas institucionales de forma y no de fondo.
Resolvamos empaparnos del amor de Jesús, dejemos de censurar con dureza a las personas. La misericordia de Dios es más grande que todas nuestras normas y prejuicios. Cuando lo entendamos, veremos a la gente venir a los pies del Salvador con seguridad y esperanza.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Si ustedes supieran qué significa esto: “Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios”, no condenarían a los que no son culpables”.
— Mateo 12:7
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