Algunas personas sostienen que a un hombre se le conoce por el manejo de su dinero. El orden o el caos determinarán su futuro y el de su familia.
Jesús estableció una jerarquía inamovible en la administración de los recursos económicos.
Él dijo: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No puedes servir a Dios y a las riquezas”.
Jesús, de ningún modo, estaba en contra del progreso económico y del bienestar familiar. Lo que estaba estableciendo con toda claridad era quién era el Dador amoroso de bendiciones y cuál era esa dádiva específica.
El Dador Divino merece toda nuestra adoración y agradecimiento; su dádiva, en este caso recursos económicos, requieren nuestra sabia administración y buen testimonio.
Es una torpeza descomunal, pero recurrente, invertir este orden jerárquico. Asignar el primer lugar a la riqueza no se hace de una manera declarativa; más bien se establece difusamente en el día a día.
No nos arrodillamos ante el dinero y las necesidades, pero le damos toda nuestra atención y tiempo. Finalmente, eso revela dónde está nuestro corazón.
Cada cierto tiempo nos tocará restaurar el orden de prioridades. La alarma suena cada vez que hay crisis, desorden y escasez. Volvamos a colocar a Dios en el primer lugar y a adorarle.

VERSÍCULO DEL DÍA:
“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No puedes servir a Dios y a las riquezas”.
— Lucas 16:13
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